Quiénes somos: una redacción en la calle Ancha

Forthgogenx nació en Salamanca en marzo de 2019, en un piso de la calle Ancha con vistas a la Plaza Mayor y una factura de la luz que llegó con 43 euros de más. Aquel recibo fue el primer artículo que publicamos.

El recibo que lo empezó todo

En febrero de 2019, tres personas que compartían un piso en el número 12 de la calle Ancha recibieron una liquidación de la comercializadora con un cargo por «ajuste de lecturas» que nadie sabía explicar, y después de cuatro llamadas obtuvimos cuatro versiones distintas del mismo asunto, cada una con un importe diferente y ninguna con una explicación que resistiera una segunda lectura del contrato original firmado dos años antes.

Marta Nieto Boyero trabajaba entonces en una gestoría de la avenida de Portugal y sabía leer un contrato de peajes. Ignacio Rebollo Casado era técnico de mantenimiento en el Hospital Universitario de Salamanca. Llevaba años apuntando en una libreta los cortes de luz del barrio del Oeste. La tercera firma este texto.

Publicamos la primera pieza el 14 de marzo de 2019. Se titulaba «43 euros que no existían».

La leyeron 611 personas. Todas conocían a alguien con el mismo problema. Así que seguimos, primero con una periodicidad imposible, luego con suscripciones, más tarde con una hoja de cálculo pública y, finalmente, con la estructura actual de cinco contratos y dos colaboradoras que sostienen la redacción desde el tercero del número 27.

Por qué solo facturas

Forthgogenx se ocupa de energía y suministros: redes y tarifas, calefacción, cortes, renovables y obras de eficiencia. Nada más. No cubrimos política municipal, ni sucesos, ni deportes, ni cultura.

Esa restricción es deliberada y a veces incómoda, sobre todo cuando en enero de 2021 el temporal Filomena dejó a media provincia sin luz durante tres días y tuvimos que contar por qué se cayeron 47 torres de media tensión entre Villamayor y Aldeatejova, en lugar de cómo se organizaron las aceras, quién repartió sal o cuántos árboles perdidos lamentaba cada vecino en las redes sociales.

Tenemos 3.400 suscriptores de pago. La cuota mínima son 5,90 euros al mes. No hemos subido el precio desde octubre de 2022, aunque la imprenta de Villares de la Reina nos cobra un 19 por ciento más que entonces.

El resto de los ingresos viene de talleres y de una guía anual de tarifas que vendemos en librerías de la calle Rúa. Nada de publicidad de comercializadoras.

Lo que no vamos a hacer

No aceptamos dinero de eléctricas, gasistas, instaladoras ni fondos que inviertan en ellas. Tampoco de sus filiales.

Lo escribimos en cada contrato de patrocinio que rechazamos, y van once desde 2020, incluido el de una fundación que quería pagar una serie completa sobre pobreza energética y se quedó sin respuesta durante tres semanas porque ninguno de los cinco queríamos firmar la carta, que al final acabó en un cajón con una nota manuscrita y ninguna explicación convincente.

No publicamos notas de prensa tal cual. Si una empresa envía un comunicado sobre su nuevo plan de autoconsumo, lo leemos, llamamos a dos instaladores de la provincia y contrastamos los precios que se citan. Si los números no cuadran, lo decimos. Si cuadran, también.

No usamos la palabra «consumidor» para referirnos a quien paga la factura. Preferimos «abonado» o, simplemente, el nombre de la persona. Suena más lento y ocupa más. Nos da igual.

Dónde estamos y con quién

La redacción sigue en la calle Ancha, ahora en el número 27, tercero. Compartimos planta con una asesoría laboral y con un despacho de arquitectura que hace certificados energéticos, y pagamos 640 euros al mes por 58 metros cuadrados con una calefacción que revisamos en conjunto cada noviembre porque el reparto de gastos casi nos cuesta dos discusiones largas y una baja temporal.

Somos cinco personas con contrato y dos colaboradoras habituales. Ninguna cobra por pieza publicada: todas tienen sueldo fijo o iguala mensual. Marta Nieto Boyero sigue llevando la sección de contratos. Ignacio Rebollo Casado dejó el hospital en 2021. Ahora coordina la cobertura de red eléctrica en el medio rural.

Tenemos corresponsales informales en Béjar, Ciudad Rodrigo y Peñaranda de Bracamonte. No son periodistas de plantilla: son vecinos que nos escriben cuando ven una grúa junto a un transformador o cuando reciben una carta rara. Les pagamos por hora de trabajo, no por noticia publicada, porque pagar por pieza anima a exagerar y ya tenemos bastante con lo que exageran las comercializadoras en sus folletos de bienvenida.

Un método que se nota

Cada información sobre una tarifa pasa por tres pasos. Primero pedimos el contrato completo, no el resumen. Después llamamos a la distribuidora, que casi siempre responde tarde. Por último calculamos el importe con una hoja de cálculo que revisa una ingeniera de Béjar, Emma Sastre Pintado, y que publicamos entera con cada artículo, incluidas las celdas ocultas, las notas al margen y los tres errores de fórmula que arrastramos desde la primera versión y que nadie ha querido tocar por miedo a romper el resto.

Esa hoja es pública desde junio de 2020. Cualquiera puede descargarla, cambiar los números y comprobar si nos equivocamos. Nos han corregido 14 veces.

En once casos teníamos razón a medias; en tres, estábamos mal y lo corregimos con una nota al pie visible. El método es lento. Una pieza sobre el nuevo peaje de distribución puede llevarnos tres semanas.

En ese tiempo, otros medios publican seis versiones del mismo tema. Nosotros publicamos una. No competimos en velocidad.

Los números que no maquillamos

En 2024 facturamos 118.400 euros y gastamos 121.700, una diferencia que cubrimos con el ahorro de los años buenos, cuando hacíamos dos talleres al mes en el centro municipal de mayores de la avenida de los Comuneros y llenábamos la sala dos veces por convocatoria.

No tenemos deuda bancaria. Tenemos una impresora que se atasca, dos ordenadores de 2017 y una base de datos de facturas de más de 9.000 hogares de Salamanca y provincia, anonimizada, que usamos para comparar precios medios por código postal. Esa base no se vende ni se cede. La usamos nosotros y quien nos pida un cálculo concreto.

En septiembre de 2023 rechazamos 22.000 euros de una fundación vinculada a una gasista. La serie se hizo igual, en 2024, con 4.100 euros de socios y 890 de una campaña de micromecenazgo. Salió más corta y más incómoda.

Cómo escribirnos

El correo de la redacción es [email protected] y lo lee una persona, no un robot. Respondemos en 48 horas laborables, a veces antes. Si tu asunto es una factura con un cargo que no entiendes, adjunta el PDF completo y dinos en qué calle vives: el código postal cambia el cálculo, y a veces cambia bastante.

No tenemos oficina de atención al público. Si necesitas vernos, escríbenos y quedamos en el café de la plaza de los Bandos, a las once, cualquier martes. Llevamos los papeles impresos.

Forthgogenx no va a crecer mucho más. No queremos una redacción de treinta personas ni una app con notificaciones. Queremos seguir siendo el medio al que llamas cuando la factura no cuadra y no sabes a quién preguntar.